La hora de comer

A los 5 meses y medio Amanda probó por primera vez un alimento diferente que no fuera Lactancia Materna y eso fue una pera. Justo habíamos tenido control médico ese día y la pediatra me dijo que en unos días comenzara a darle fruta, pero justo ese día me senté a comerme una pera y ella me miraba fijamente. Quiéres? Le dije, seguro me iba a responder, pensé jajaja. Me miró y se rió. Me paré, fui a buscar una cuchara, raspé la pera y se la di. Se comió esa cucharadita y quedó mirando la fruta que yo tenía en la mano. Y así se comió casi toda la pera.

Con mi primera hija, Amparo, usamos el método BLW (baby led weaning) “podría traducirse como “alimentación complementaria autorregulada”, es una manera de incorporar los sólidos en la alimentación del bebé sin pasar por la fase de purés y papillas, siendo el propio bebé quien se alimenta por sí mismo usando las manos” (Fuente, https://blwrecetas.com/). Siempre nos funcionó muy bien con ella, pero con Amanda tenía un poco de miedo, porque al ser más hipotónica (sus músculos son más “flojitos”) me asustaba que su musculatura de la boca no tolerara la comida más entera. Sin embargo, en ese minuto cuando le di a probar fruta que no estaba tan molida, me sentí aliviada, porque la había tolerado bien.

Y así seguimos hasta que incorporamos la comida propiamente tal. Pero esto fue un desastre. Cambiar de sabor le cargó. A los 6 meses le dimos su primera comida: verduras, carbohidratos y proteína. Lo único que molí con procesador fue la proteína, el resto sólo fue con un tenedor. La primera cucharada se fue directo al piso. La segunda y tercera igual. Y su cara de molestia cada vez se hacía notar. En resumen, no quiso comer nada. Llegamos al postre y por arte de magia, ella comenzó a reírse. Sí, a reírse. Abrió la boca y todo fluyó. Se comió todo el durazno.

Ese día estaba con mi mamá, y ella me dijo. Paciencia, es su primera comida. Seguro mañana comerá algo. Y así pasaron dos semanas. Llegaba la hora de la comida y probábamos diferentes estrategias. Una cucharada de postre y otra de comida. Con el postre todo bien y con la comida todo mal. Apenas le cambiaba el sabor ella escupía y lloraba. Luego le mezclamos todo en el mismo plato. Ahí comió un par de cucharadas. No voy a mentir, esta situación ya me tenía desesperada. Probé con comida más entera, más picada, más molida tipo papillas, más fría, más caliente, etc. Etc. Y nada. Comía un poquito y lloraba. El postre era su único momento de felicidad.

Llegamos a la tercera semana y yo cada vez más estresada con el tema. Mi mamá todos los días me llamaba a la hora de almuerzo para saber qué tal. Y ninguna novedad, ella sólo quería comer el postre. La única forma de “engañarla” para que comiera fue mezclándole todo, pero así y todo comía muy poco.

Cumplimos el mes desde que habíamos partido en esta cruzada de comer. Y por fin comió. Ese día yo ya menos estresada le hice la comida y volví a moler con el tenedor, porque me había dado cuenta que cuando le daba muy molido ella escupía más. Así que ese día sólo usé el tenedor. Y ella comió. Sí, comió ¾ de su porción sin ningún reclamo. Claro que siempre mirando su postre con cara de, ¡mamá dame, dame!

Al final, como todo en esta vida, era cuestión de tiempo. Su paladar se demoró un mes en adaptarse al sabor de la comida. Y ahora por fin con 7 meses y medio se come toda su porción sin mayor reclamo. Le molemos con tenedor, sin necesidad de hacer papilla, salvo la proteína que va en su plato (carne, pavo o pollo) que aún lo muelo con procesador de alimentos. Me tranquiliza ver que no tuvo dificultad para tragar, uno de mis grandes temores cuando comencé a escuchar que los niños con Síndrome de Down tenían muchos problemas a la hora de comer a causa de su hipotonía. No sé cómo será el futuro en este tema, pero por ahora, seguimos comiendo rico y con muchas más ganas el postre, porque eso sí que le encanta.

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