La Noticia, una verdadera sorpresa

“Su hija tiene varios rasgos de niña con síndrome de down”. Así de claras fueron las palabras del neonatólogo que nos dio la noticia tras el nacimiento de Amanda. Nadie nos preparó para recibir tal información, no nos llevaron a una sala aparte y nos dieron la noticia por separado. Primero a Eric mientras revisaban a nuestra hija y luego a mí, mientras aún yo seguía en pabellón con mi ginecólogo haciendo su trabajo, tras un parto normal.

¿Existe alguna forma de entregar esta noticia? Sigo sintiendo que el médico no tuvo ningún tino para contarnos lo que pasaba. Por mi experiencia laboral y mi cercanía al mundo médico, sé que muchas veces van perdiendo esa “sensibilidad” cuando deben entregar un diagnóstico, a pesar de que nunca debiesen olvidar que cualquier noticia involucra un cúmulo de reacciones por parte del paciente.

Cuando se llevaron a Amanda a la evaluación típica de un recién nacido, Eric sintió un ambiente tenso. Todos se miraban, pero nadie decía nada. Hasta que el neonatólogo mientras la tenía en sus manos, con una voz seca dice que “la bebé tiene un gran porcentaje de tener Síndrome de Down (SD)” y que para corroborar el diagnóstico había que hacer un examen llamado cariograma. En ningún momento lo miró a la cara. Sólo se lo dijo y nada más. No hubo tiempo de preguntas ni nada. Eric sólo pensaba cómo me lo dirían a mí.

Al cabo de unos minutos volvieron a pabellón los tres. Médico, Amanda y Eric. Me la ponen al pecho y lo que más recuerdo fueron los ojos llorosos de Eric. Le pregunté qué pasaba y sólo apretó mi mano. ¿Está todo bien doctor?, pregunté. “Sí, todo bien. Sólo que su hija tiene varios rasgos de niña con SD. Hay que hacerle un examen para confirmar su diagnóstico”. ¡Noo!, le dije. “Me hice todos los exámenes y todo estaba bien. Nunca nadie me dijo esto, usted está equivocado”, le respondí.

Me fui a negro. No entendía nada. Se llevaron a Amanda y Eric se fue con ella. Mi matrona, una mujer extraordinaria. Se acercó a mí, me abrazó y me dijo al oído. “Tranquila. Lo harán muy bien. Se puede. Tengo un sobrino con SD y de verdad que todo es más simple de lo que pensamos”. Ella fue la primera persona que me dijo algo con sentido en ese minuto.

La atención en la clínica luego de eso fue extraordinaria. Recibimos mucha contención, información y abrazos. Pero mi cabeza no dejaba de pensar la falta de empatía del médico. Y cuando me enteré que era el Jefe de la Unidad de Neonatológía más rabia tenía. “Cómo puede ser tan insensible si tiene que estar a diario con papás que están sufriendo por tener a un hijo hospitalizado”, pensé.

A todo el personal clínico le hice sentir mi malestar. No era una noticia menor. Te están tirando un balde de agua fría, te están bombardeando y tú no tienes cómo defenderte. Así tal cual sentí la noticia. Y no había nadie que me explicara nada. Pregunté por qué para esos casos no había de turno algún psicólogo que realizara la primera contención, que te explicara, que te ayudara a salir de ese shock inmenso y que me hubiese ayudado a sacar esa pena que me apretaba el corazón y no me dejaba respirar.

¿Por qué una noticia así te la tienen que dar de esa forma? Hubiese preferido estar con Eric y no sola. Habernos enterado al mismo tiempo, juntos. No haber estado en pabellón con la anestesia aun haciendo efecto en mi cuerpo, porque mi cuerpo no paró de temblar por horas. En ese minuto sentí tanta rabia de no haber tenido un diagnóstico pre natal, porque podría haberme preparado para su llegada. Pero ahora que escribo esta historia, a más de 7 meses de su nacimiento, agradezco haberme enterado en ese minuto. Sin embargo, lo único que me gustaría cambiar, sería la forma del cómo nos dieron la noticia, porque eso, nunca lo podré olvidar.  

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